
Con motivo de las elecciones, en esta ocasión las autonómicas gallegas y vascas, escribiré sin atender a convenciones. De modo que, sin que sirva de precedente, teclearé
sin piedad. De entrada, como no tengo carné de ningún partido --aunque sí de un sindicato-- prescindiré de simpatías por unas u otras siglas, pero no de mis querencias ideológicas, que las tengo como todo hijo de mujer. Una vez sentado frente al escenario de la campaña electoral --conste que la palabra
escenario la empleo con segundas intenciones-- me pregunto si acudir a votar.
La de votar o no votar es una decisión que condiciona todo el proceso porque, entre otras cosas, obliga a enunciar una pregunta determinante: ¿Hay alguna alternativa cuyas intenciones o programa satisfagan de forma genérica --sin entrar en detalles, porque la coincidencia al 100% es imposible-- los planteamientos que considero esenciales?
No olvidemos que votar es asunto personal, ¡muy personal!
Veamos como está el patio en Galicia:
Si quiero votar a la derecha...
...es evidente que dispongo de candidaturas que justifican el paseo hasta el colegio electoral. Mejor aún, tengo donde elegir, desde la derecha extrema hasta el centro-derecha, si bien casi todas las opciones comparten una característica: son nacionalistas españolas (o españolistas).
Si quiero votar al centro...
...nada como el
PSdeG-PSOE. Partido que, por citar sólo el último ejemplo, esta semana ha sido extraordinariamente bien representado por la conselleira de Ordenación do Territorio al poner en marcha el expediente para ampliar el puerto de Corcubión,
siguiendo así los deseos del magnate Villar Mir (franquista redomado donde los haya), quien debido a las necesidades de sus boyantes empresas necesita más línea de atraque. Este ejemplar empresario, amigo personal de Fraga Iribarne, lleva años sin pagar las tasas portuarias y una de sus compañías secó el embalse del Xallás provocando una catástrofe ecológica; pero aquí no ha pasado nada, de modo que si ahora necesitas ampliar tu puerto, ¡toma 14 millones de euros!…
Ya advertí que prescindiría de lo políticamente correcto. E insisto: Si yo fuera un votante centrista apoyaría sin duda al PSdeG-PSOE, pues a fecha de hoy es la opción que mejor garantiza que todo siga su curso natural... Ahí están la Cidade da Cultura viento en popa, la concesionaria de la autopista A Coruña-Vigo incumpliendo obligaciones, la política anti-ladrillo basada en el ladrillo, más y más subvenciones, los sindicatos en el baúl, etcétera.
Si quiero votar al centro izquierda...
...mi opción es el
Bloque Nacionalista Galego (BNG), pese a que su presidenciable, Anxo Quintana, sigue erre que erre perdiéndose por las ramas. ¿Por ejemplo?: Calentando el oído a los deportistas profesionales de elite, organizando cuchipandas y bailes socialmente estériles y ridículos, repartiendo parques eólicos en zonas protegidas, amén de ser
fraguistamente partidario de subvenciones y más subvenciones. El socialdemócrata BNG anda por las corredoiras alardenado de
quintanismo y, sin embargo, cuenta con un tipo que sin hacer ruido y pese a las tremendas dificultades que afronta su departamento mira al futuro de frente:
Suárez Canal, conselleiro de Medio Rural, persona de trato
antipático --dicen-- pero político racional que, paradójicamente, el Bloque tiene infravalorado. O así lo parece.
De modo que ante casos como el de Suárez Canal en el BNG, el de Daniel Varela en el PP o el de Ventoso Mariño en el PSdeG uno acaba preguntándose: ¿Acaso se trata de que gobiernen los simpáticos?, ¿las clasiconas estilosas tipo Corina Porro o las progres de salón como Ánxela Bugallo?
Si deseo votar a la izquierda...
...en Galicia sólo hay tres fuerzas en presencia:
Esquerda Unida (sección gallega de la federal IU) y dos formaciones nacionalistas con vocación independentista --descartanda Unión do Povo Galego, partido que sigue dedicando sus esfuerzos a pilotar el frente interclasista que es el BNG--, que son
Nós-Unidade Popular y
Frente Popular Galega, que se presentan por separado por cuestiones tan absurdas como escasamente políticas.
En total, nueve alternativas
Derecha extrema nacionalista (españolista): Falange Española de las JONS;
Derechona y derecha convencional, todos nacionalistas (españolistas): PP;
Derecha ecléctico-nacionalista (españolista): UPyD;
Derecha nacionalista (galleguista): Terra Galega;
Centro: PSdeG-PSOE;
Centro-izquierda nacionalista (galleguista): BNG;
Izquierda: Esquerda ¿Unida?;
Izquierda nacionalista e independentista: Nós-UP y FPG.
Y poco más, porque el resto de candidaturas son electoralmente irrelevantes.
La primera decisión es la más política
Regresemos al hilo conductor: ¿Voto a una de las nueve candidaturas o doy un portazo?
En esa decisión las razones ideológicas pesan sobremanera o, paradójicamente, importan un rábano porque también pesan cuestiones carentes de ideología, como son el posibilismo, la fidelidad al carné, el interés (salarios, contratas,
contactos...), las fobias, las filias y etcétera. Sin olvidar las vergüenza ajena provocada por
el escándalo de corrupción más reciente.
Sin embargo, lo más sensato --en mi opinión-- es someter esa primera decisión a preguntas inmisericordes:
¿Para qué me piden el voto apelando a que combatirán la recesión económica pese a que un gobierno autonómico nada puede hacer al respecto?
¿Por qué se empeñan en pedirme el voto esgrimiendo que seguirán subvencionando actividades y empresas que carecen de futuro económico y de utilidad social?
¿Por qué piden otra vez mi voto aquellos que sé perfectamente que han dilapidado decenas de millones de euros de la Unión Europea, a la que para colmo ponen a pan pedir?
¿Por qué me pide el voto un partido que ha criticado frontalmente una acción del anterior gobierno para luego, una vez en el poder, ratificarla, justificarla y desarrollarla con extraño entusiasmo?
Hay más preguntas cuyas respuestas justificarían la muy política decisión de meter en la urna un papelito con una frase de Pablo Iglesias, de Rodríguez Castelao, de Jean Jaurés, de Mahatma Ghandi...