15 marzo 2010

Al presidente del Tribunal Supremo: No somos súbditos, sino ciudadanos

Hoy son desgraciada noticia las declaraciones realizadas por el muy católico presidente del Tribunal Supremo del Reino de España, Carlos Dívar, que además de mezclar creencias religiosas con responsabilidades judiciales, pretende que los ciudadanos no sólo acatemos las decisiones de la Justicia sino que además callemos cuando nos parecen manifiestamente injustas, ideológicas o deleznables.
En un Estado democrático de Derecho es obligado acatar las resoluciones de los tribunales, pero que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial de un Estado democrático de Derecho exija respeto obligado es, cuando menos, fruto de su deficiente formación en cuanto a principios democráticos; defecto este, no obstante, que es comprensible en quien juró cumplir y hacer cumplir las leyes del Movimiento; es decir, de la dictadura.
Ningún ciudadano español radical y sinceramente democrático duda de que las sentencias de los tribunales deben ser acatadas; mas nadie ignora --salvo los desinformados-- que en el aparato de Justicia español abundan los que durante largos años guardaron silencio ante el robo sistemático de bebés, ante las expropiaciones de bienes por motivos políticos, ante las condenas a muerte sin base probatoria... etcétera y etcétera. Más claro: En el aparato de la Justicia española abundan todavía los servidores públicos que confunden conceptos; por ejemplo, respeto y sumisión.
¿De qué respeto habla Dívar?, ¿cómo se atreve a decir que es intolerable que un ciudadano dude de la credibilidad de una institución?, ¿cómo se atreve una persona culta a exigir que olvidemos el silencio de los corderos ilustrados y con toga que aplicaron los criterios y valores de quienes desde el Poder robaban y asesinaban?...
¿Hay que acatar las resoluciones judiciales? Rotundamente, sí. ¿Hay que comulgar con ruedas de molino y evitar la crítica de las decisiones que adoptan los funcionarios como tales? Con la misma rotundidad, no.
La persona llamada Carlos Dívar Blanco merece respeto, sin duda, con el mismo grado e intensidad que cualquier otro mortal, ¡no más! Y cuando ejerce la profesión sus resoluciones deben ser acatadas, sin duda; pero que respetemos acríticamente todo cuanto dicta, declara o firma es otra cosa.
Respeto no es sinónimo de sumisión.
ENLACE a "El emperador desnudo y otros cuentos increíbles", por José Yoldi, en El país.

1 comentario:

  1. Es para mí evidente que todavía estamos en Eapaña en un complejo y largo proceso de "transición mental a la democracia". Aquello de que España se acostó monárquica y se levantó republicana de los años 30 era una forma gráfica de decir que en poco tiempo se pasó se un sistema a otro. Pero todo el mundo sabe que las cosas no son tan simples. Como tampoco es tan simple lo la "modélica transición española a la democracia" que nos han repetido hasta la saciedad a ver si al final nos lo creemos. No, las cosas no funcionan así. Si hay algo complejo es el cambiar la mentalidad de los pueblos. Ese es uno de los problemas que tienen los gobernantes de cualquier ideología, que quieren hacer cosas y chocan con las tendencias y las inercias de los gobernados. Es es en mi opinión, por cierto, uno de los problemas de fondo de Galicia: el lastre que arrastramos en muchos terrenos, mentales y de otro tipo, que impiden avanzar hacia la modernidad de verdad a la velocidad que deberíamos. Todo para decir que, de nuevo en mi opinión, es cada vez más evidente que la judicatura es uno de los temas en los que sigue pendiente la "transición" de verdad en España.

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