18 agosto 2011

Mourinho alimenta odios "deportivos" y, por tanto, sociales y la Administración cierra los ojos

Hay numerosas formas de fomentar la violencia. Una de ellas la práctica el actual entrenador del Real Madrid, Jose Mourinho.
Anoche, con motivo del partido de vuelta de la Supercopa que disputaban ese equipo y el Barcelona FC fue evidente una vez más que los jugadores del club madrileño son aleccionados para ir más allá de la dureza deportiva, destacando como alumnos más aventajados Pepe y Marcelo.
Mourinho es el responsable técnico de esa desmesura, pero los responsables últimos, por consentir o acaso por animar el magisterio de la violencia deportiva, son los directivos de la empresa madridista, las autoridades deportivas y las civiles.
Anoche, con motivo de la tangana que se vivió al final del encuentro --que fue fruto de un acto de violencia gratuita protagonizado por Marcelo, que ya había cometido otro con anterioridad--, Mourinho agredió al segundo entrenador del Barcelona FC; acción a la que el agredido replicó en caliente propinando una colleja al agresor.
Las cosas del fútbol profesional no deberían merecer consideración social por varias razones, entre las que destacan la ya casi total ausencia de deportividad, la insensatez de las empresas --sobre todo en materia económica-- y las simplezas que dicen tantos y tantos jugadores y entrenadores, a los que hace ya tiempo se han sumado demasiados periodistas y comentaristas...
Mourinho, al igual que ya hizo con anterioridad en Portugal, Gran Bretaña e Italia cuando dirigió a los jugadores del Porto, Chelsea e Inter, ha vuelto a cruzar los límites de lo alegremente disculpable, pues una vez más no solo ejerce de provocador, sino que además siembra el odio entre los deportistas y entre los aficionados, fomenta enfrentamientos antideportivos, miente para esconder sus responsabilidades e incluso justifica el empleo de la violencia deportiva --ayer mismo, aludió a que el fútbol es un deporte de hombres, que es la estupidez más vieja y más veces utilizada por cuantos recurren a los eufemismos para justificar las agresiones.
Con toda probabilidad, los gestores del fútbol profesional y muy probablemente también las instituciones públicas --cuya obligación es imponer la racionalidad en las competiciones profesionales--, se lavarán las manos.
No es la primera vez que un provocador de conflictos es perdonado e incluso, aplaudido.
Tiempo al tiempo, Mourinho está abonando sucesos que el fútbol profesional lamentará y las víctimas, más; sean jugadores gravemente lesionados o aficionados que se agreden, instruidos en el odio deportivo que imparte quien ha demostrado hasta la saciedad ser un especialista en generar enfrentamientos.
Para colmo, ayer, también una vez más, los comentaristas de la televisión pública hablaron de "lógica tensión", infravalorando hechos y con la vergonzosa o ingenua intención de ocultar o minimizar peligros ciertos.
¿Es lícito cerrar los ojos ante quienes promueven o justifican la violencia en el deporte?
..  
ACTUALIZACIÓN (sábado 20 agosto):
Hoy, la gran ¿noticia? deportiva ha sido construida con patriotismo futbolero.
Grandes titulares --también en la televisión pública-- para encumbrar a Casillas, el portero del Real Madrid y capitán de la selección española de futbolistas profesionales, por haber telefoneado a Xavi y Puyol (jugadores del Barcelona FC y clásicos también de la misma selección) para evitar que se emponzoñen las relaciones entre los miembros de la roja.
Tan ¿ejemplar? iniciativa permite soslayar lo que realmente corresponde: castigar a los partidarios de la violencia deportiva. Pero en este país lo que cuenta son los gestos, no los hechos, de ahí la relevancia que se otorga a la acción de Casillas --que al término del partido afirmó que los jugadores del Barcelona se habían tirado a la piscina simulando agresiones--, iniciativa que a la postre sólo sirve para relegar a segundo plano el problema real: la violencia deportiva y sus orígenes...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NOTA: En ImP no se publicarán injurias ni difamaciones, ni tampoco imputaciones de faltas o delitos sin aportar pruebas, datos judiciales o sentencia.
Sólo se publicarán los anónimos que a criterio del administrador sean de interés.