22 febrero 2007

El mercante "Ostedijk" y el miedo a perder votos

El mercante Ostedijk, cuya carga de fertilizantes emite gases irritantes debido a un proceso de descomposición en bodega, permanece frente a la costa gallega desde el pasado día 17 de este mes, cuando tuvieron que ser evacuados varios tripulantes afectados por las emanaciones.
Lo más chocante y penoso del episodio es que a pesar de tratarse de un problema menor [menor en cursiva, pues no hay peligro de muerte para las personas, ni riesgo de contaminación marina], las autoridades navegan en un mar de dudas y, al parecer, sin timón.
Para colmo, hay histeria electoral, en la que una vez más tienen su cuota de responsabilidad los medios.
Lo adecuado, según subrayaron los técnicos, es conducir el mercante al puerto exterior de Ferrol --lugar alejado de zonas pobladas y al abrigo de los temporales que habitualmente azotan la costa gallega--, donde podría ser trasvasada la carga para matar la descomposición de los fertilizantes.
Pero el Gobierno central ha mezclado churras con merinas: criterios técnicos con criterios de oportunidad mediática y política.
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El recuerdo del Prestige paraliza la neuronas
Pasear en zigzag el humeante Ostedijk desde el cabo Prior hasta A Mariña Luguesa --donde está fondeado desde hace ya más 48 horas, frente al litoral del municipio lucense de O Vicedo-- sólo ha servido para alimentar alarmas acientíficas y el malestar social, amén de los resentimientos que sufre el PP por lo ocurrido con el caso Prestige.
Para redondear, el episodio ha hundido en el descrédito a las cúpulas de la Dirección General de Marina Mercante y de la Secretaría General de Transportes Marítimos, ambos órganos dependientes del Ministerio de Fomento; el cual, por ende, no goza precisamente de buen cartel en el país gallego.
El suceso apenas ha merecido la atención de las organizaciones internacionales profesionales, técnicas, gremiales o económicas relacionadas con el mundo del mar. En paralelo, las organizaciones ecologistas más acreditadas también han otorgado valor relativo al problema, sin menoscabo de la preocupación que siempre generan estos episodios. De hecho el mayor peligro de contaminación del Ostedijk es el carburante que utiliza para su propulsión, no los fertilizantes.
En resumen, el origen de la lógica polvareda que el asunto ha levantado en Galicia es, por un lado, político y, por otro, de gestión: cuestión política porque el Ostedijk se ha convertido en otra piedra arrojadiza interpartidaria, y de gestión porque el Gobierno central --y por extensión el gallego-- ha pecado de buenismo estéril, de cobardía institucional (confundiendo una vez más autoritarismo con autoridad), y de electoralismo mal disimulado.
MÁS información, en La voz de Galicia.
ANÁLISIS de Xosé Luis Barreiro Rivas: "Allá por el quinto pino".

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