domingo 27 de enero de 2008

Dimisión de Prodi: El éxito de la Italia suicida y de la mafia

La caída de Romano Prodi como primer ministro de Italia puede ser explicada diciendo que las clases dirigentes de Italia (incluidas la de parte del mundo económico más las tramas clientelares que mantienen activas la mafia y el Vaticano) han provocado el episodio. Esa podedumbre explica la caída de Prodi, pero no la justifica ni la convierte en un hecho políticamente racional. Lo importante para esa heterogénea agrupación de clanes enfrentados que al mismo tiempo se necesitan entre sí, no es hacer gobernable el país, sino seguir en la elite y/o enriqueciéndose.
Italia es una república rebautizada y reconstruida tras la segunda guerra mundial. Proceso en el que jugaron un papel relevante, entre otras fuerzas, el Vaticano y el Partido Comunista (PCI), que eran los únicos que en aquel momento poseían poder social cierto; más la mafia en algunas zonas del sur el país.
Aunque tardó, el PCI sí cumplió sus compromisos para reforzar la estabilidad e hizo esfuerzos pro democráticos, impulsados por los cuadros que lideró Enrico Berlinguer (uno de los padres del eurocomunismo); por el contrario, los democristianos se limitaron (ahí está Giulio Andreotti) a mejorar y enraizar su estructura clientelar, que en algunos casos incluso mantenía y mantiene connivencias y acuerdos con las distintas mafias existentes en Italia, sobre todo en Nápoles, Reggio Calabria y Sicilia.
Hoy, el episodio más ilustrativo de la relación catolicismo-mafia es el caso Mastella: La Justicia acusa a 35 dirigentes democristianos de corrupción, incluida la esposa y el consuegro de Clemente Mastella. Los imputados, lejos de defenderse por vías jurídicas y apartarse de la cosa pública, pilotan el acoso al gabinete Prodi y no lo hacen por motivos ideológicos o por discrepancias en la gestión, sino en defensa de un sistema en el que las recomendaciones y las sugerencias valen más que el conocimiento y la racionalidad.
Con relación al procedimiento penal que se sigue contra Mastella, su esposa ha declarado que "este es el amargo precio que estamos pagando mi marido y yo por la defensa de los valores católicos en la política. Basta con ver lo que le ha pasado al Papa para entender lo que les está pasando a los católicos". Huelgan añadidos.
Cuffaro, Berlusconi y los amigos de la mafia
Tanto o más revelador es el suceso que protagoniza el presidente de la región de Sicilia, Totó Cuffaro, que ha sido condenado a cinco años de prisión por revelar a la mafia datos que comprometían investigaciones policiales y que incluso han precarizado la seguridad de numerosos agentes policiales.
Cuffaro, político sinvergüenza donde los haya, ha dimitido pronunciando estas palabras: "Lo hago por no traicionar los ideales en los que me han educado, lo hago por mi familia y lo hago como último acto de respeto por los sicilianos (…) He vivido años de intenso penar confortado por el afecto de tantos sicilianos y por la cristiana conciencia de saber que en la vida de un hombre el sufrimiento no es jamás vano".
Nada más hacerse pública la condena penal y la dimisión de Cuffaro, Silvio Berlusconi ha brindado su apoyo al cómplice de los mafiosos diciendo que "lo acogeremos en familia para darle la serenidad que merece".
No. La crisis de Gobierno que vive Italia --sin menoscabo de las responsabilidades políticas en las que haya incurrido Prodi-- no es fruto de un sistema electoral que propicia la presencia de numerosos partidos en la Cámara, ni tampoco se debe a la equívoca política de alianzas del ex presidente de la Comisión Europea. Ocurre, y esto es lo realmente inquietante, que el poder político clásico del norte italiano (el industrial) cede terreno ante el mundo de las finanzas (en el que predomina la economía virtual) y, en paralelo, las mafias del sur de la bota y de Sicilia pierden penetración social, y lo hacen en proporción pareja a la pérdida de poder social del Vaticano (ese catolicismo hipócrita que condena el divorcio y el aborto pero cuyos líderes sociales se divorcian y costean los abortos de sus hijas y esposas en París, Londres o en clínicas clandestinas).
Versiones sencillas para idiotizar al telespectador
Pero lo fácil, también lo más vendible mediáticamente, es aludir a los defectos del sistema electoral --que los tiene-- o a las cabezonerías de un Prodi que casi nunca ha hecho política en contacto con la realidad.
A los italianos comunes les queda un consuelo: La tara de gobernar sin salir de los despachos ya es pandemia entre los miembros de la clase dirigente de Europa occidental. Es más, hay líderes --tanto de la derecha extrema como de la izquierda caviar-- que cuando deben tomar decisiones procuran prescindir de la realidad cotidiana, pues consideran que la realidad es vulgar e impide analizar el escenario político con profesionalidad.
Romano Prodi no era ni es la mejor solución, sólo es la menos mala y, sobre todo, era y es --de momento-- la única solución constitucionalmente viable para evitar que Berlusconni y otros (entre los que destacan la Liga Norte y la Alianza Nazionale) sigan sementando la creencia de que sólo un régimen autoritario --el de los predestinados-- puede garantizar la estabilidad económica y social.