18 octubre 2008

Acción de Garzón, reacción de Conde-Pumpido y a esperar

Hay hechos cuya valoración exige frialdad y tiempo. Que el juez Baltasar Garzón investigue lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos evita tocar --sí, ¡la mayoría!, a ver si dejamos de engañarnos-- tiene un alcance que es imposible aquilatar en caliente.
La derecha de siempre pone el grito en el cielo y la izquierda que bendijo la transición del olvido tampoco ve con buenos ojos la curación de la amnesia, así lo demuestra la reacción de la Fiscalía, comanadada por el ¿socialdemócrata? Cándido Conde-Pumpido.
En paralelo, y esto es lo más importante, la mayoría de los ciudadanos --morbos aparte-- todavía no son conscientes del significado histórico y ético que, salga o no adelante, tiene la iniciativa del juez.
De entrada, conviene recordar que el decreto ley 10/1969 que firmó el jefe de Estado de la época amnistió todos los delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939, fecha en que el geneal Franco Bahamonde firmó el último parte de la guerra incivil, el de la victoria.
Ese decreto no ha sido derogado. Fue una más de las renuncias constitucionales de 1978. De modo que, en estricta aplicación de la ley, los crímenes perpetrados durante el conflicto armado ni siquiera pueden ser investigados. Pero otra cosa es que se localicen fosas y se exhumen cadáveres, decenas de miles de ellas abiertas durante los casi 40 años de paz.
Por otro lado, en teoría pueden ser juzgados los criminales todavía vivos que hubieran cometidos crímenes de lesa humanidad, que son imprescriptibles, máxime los perpetrados en tiempos de paz, después de las 0 horas del 1 de abril de 1939.
Lo esencial no es el debate jurídico. La decisión de Garzón puede tener consecuencias más provechosas que sentar en el banquillo a dos, a tres o a media docena de ancianos criminales o cómplices de criminales, ceremonia judicial que de nada serviría, ni nada práctico repararía.
Hay más interruptores
La consecuencia más provechosa, de futuro, sería que la sociedad española fuera consciente, sin sombra de duda, de que durante casi 40 años este país fue pasto de la ignominia y se cometieron decenas de miles de crímenes y abusos sin cuento --incluidos los económicos-- en nombre de…
Lo que digan Fraga Iribarne y quienes participaron de aquel régimen carece de relevancia política. Lo que ahora conviene es dejar que pase cierto tiempo --unas semanas, acaso unos meses-- y mientras progresa la instrucción de Garzón atender a la reacción de los ciudadanos, de los creadores de opinión, de las organizaciones civiles, etcétera y etcétera.
Sólo cuando sea perceptible que existe interés social por recuperar la dignidad colectiva como país, sólo entonces, cabrá soñar con que la transición institucional que con tanto acierto controlaron los franquistas desemboca, por fin, en una transición social y política.
Garzón sólo ha utilizado un interruptor; ¡hay más!: a ver qué pasa.
ENLACES de interés:
Federación Estatal de Foros por la Memoria
* "Estrechando el cerco", en AMNISTÍA INTERNACIONAL, y
* Selección de reacciones en la prensa extranjera, elaborada por RADIOCABLE.
TESTIMONIO en primera persona de alto valor:
"La memoria (histórica) de mi padre", en la bitácora NUNCA CONFORMARSE.

1 comentario:

  1. Fraga, que firmó sentencias de muerte en el franquismo, solo actúa como lo que es. La mayoria de los derechistas siguen pensando que tienen derecho a todo porque "para eso ganamos la guerra". Ya es hora que se diga públicamente, que los franquistas fueron unos asesinos de la peor especie. ¡JUSTICIA!

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