12 abril 2010

Tailandia: Las elites pugnan entre sí y salvo el poder, nada les importa

En el antiguo reino de Siam (oficialmente Tailandia, o país de los tais, desde el año 1949) se vive uno de los episodios políticamente más chocantes de la reciente historia de Asia, pues los últimos enfrentamientos --que han provocado decenas de muertos y heridos-- son fundamentalmente aideológicos y son fruto de una larga y enconada pugna entre élites que, paradójicamente, defienden posiciones similares.
Los recientes motines populares y la feroz represión practicada por las autoridades carecen de explicación lógica --atendiendo a las concepciones políticas de unos y de otros-- y la raíz del conflicto es una mezcla de motivos económicos y de enfrentamientos entre familias de la clase dirigente y clanes partidistas.
Golpes de Estado militares, uso partidista de los tribunales, magistrados empeñados en condicionar la gobernación, utilización de operaciones contra el narcotráfico para ajustar cuentas civiles ajenas a la delincuencia, más un largo etcétera de absurdos y abusos se suceden desde los años noventa...
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El poder judicial está supeditado
a criterios religiosos
La situación actual, no obstante, es consecuencia directa de lo sucedido en el año 2006, cuando las inquinas y los desencuentros llegaron a propiciar una intervención radicalmente política de la Corte Suprema del país. Veamos:
En abril de ese año se celebraron elecciones legislativas, en las que venció Thaksin Sinawatra, del populista Thai Rak Thai (la traducción literal de esa denominación es los tais aman a los tais, la etnia mayoritaria del país); pero la reacción de la oposición fue de tal envergadura, constancia y violencia que la Corte Suprema anuló los resultados de los comicios y ordenó repetirlos.
Sin embargo, en ese ínterin, el 19 de septiembre de 2006 y estando Thaksin de viaje oficial en Estados Unidos, un autodenominado Consejo para la Reforma Democrática creado y dirigido por la cúpula militar (el comandante era Sondhi Boonyaratglin) tomó el poder y puso fin a quince años de una democracia que, pese a ser relativa, hacía de Tailandia un país habitable y en el que se cumplían aspectos elementales en lo tocante a derechos humanos.
La intervención militar fue breve. Sus líderes cumplieron la promesa de convocar elecciones y restablecer el sistema parlamentario. Los comicios, celebrados en 2007, auparon al poder al partido heredero del ilegalizado Thai Rak Thai (con Thaksin agazapado en la trastienda), el Partido del Poder del Pueblo (PPP), que también es de corte nacionalista y defiende posiciones que en Europa cabría calificar de centro-derecha. En el refundado Thai Rak Thai-PPP el número uno era Savak Sundarawej.
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Un programa de TV sobre cocina
causa una crisis institucional
La alegría y las posibilidades de normalizar la vida política e institucional duraron poco, pues en el verano del año siguiente, 2008, los llamados camisas amarillas (los seguidores de la derechista y ultranacionalista Alianza Popular para la Democracia, APD, en la oposición) provocaron reiterados y graves disturbios en la capital, Bangkok, lo que obligó a declarar el estado de emergencia.
Los desordenes callejeros, perfectamente organizados, derivaron en desestabilizaicón social y esta, en otra crisis institucional y Sundarawej dimitió; decisión esta en la que pesó sobremanera que la Justicia le condenara por una singular concepción de la prevaricación: los magistrados tais --profundamente marcados por medievales criterios religiosos-- consideraron ilícito, ilegal e incluso inconstitucional que el primer ministro fuera el presentador de un programa de televisión. La inhabilitación era inevitable pese a que el espacio televisivo de marras versaba única y exclusivamente sobre gastronomía y cocina tradicional tai.
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Sólo cambian los nombres
Tras el sorprendente cese-dimisión de Sundarajev, en septiembre de 2008 la Asamblea Nacional nombró nuevo primer ministro a Somchai Wongsawat, cuñado del omnipresente Thaksin y miembro también del PPP que lideraba el jefe de Gobierno repudiado por su afición a la cocina.
A todo esto, el jefe de Estado, el rey Bhumibol, permanecía y permanece al margen del rifirrafe, como si la creciente desestabilización del país no vaya con él. Es más, el monarca ha mantenido corteses contactos con todos los actores del destructivo sainete, incluidos los miembros de la junta militar que perpetró el golpe de 2006.
En rigor, el escenario tailandés es un absurdo, pues se trata de una lid entre dos elites --ambas arropadas por aliados económicos, incluidos extranjeros-- que en comandita o en competencia forman parte del mismo entramado dominante.
Por razones de prolija explicación, ambos bandos y sus aliados cuentan con numerosos y apasionados militantes de base (ADP incluso llegó a organizar una milicia armada, en tanmto que el PPP está utilizando estos días grupos de agitación profesionalizados que son conocidos como los camisas rojas). La mayoría de los cuadros y bases de ambos partidos se caracterizan por su religiosa fidelidad a los líderes y porque entre sus miembros son habituales los lazos familiares, vecinales y gremiales, conformando tupidas redes clientelares.
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Criterios y valores muy distintos de Occidente
Las dos formaciones que han alimentado la larga lista de insensateces, APD y el Thai Rak Thai-PPP, tienen estructuras internas y formas de acción política difícilmente comprensibles desde un punto de vista occidental.
Los valores e intereses vitales de un ciudadano del sureste asiático son notablemente distintos de los de un occidental, también en asuntos económicos domésticos pese a que los sistemas productivo y financiero tailandeses están plenamente integrados en el engranaje poscapitalista.
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Gobernar entre la espada y la pared
La posición del actual jefe de Gobierno, Abisit Vejajiva, es tan precaria como provisional, pues su acceso al poder --en los comicios de 2007 fue uno de los derrotados-- es fruto de un intento de parte de las elites dominantes de tranquilizar los ánimos, poner coto al creciente desprestigio de las instituciones y detener el deterioro económico.
Vejajiva lidera el Partido Demócrata de Tailandia (PDT), formación también conservadora que fue fundada recién terminada la segunda guerra mundial, en 1947, conflicto en el que el reino de Siam (Tailandia) fue aliado de Japón.
El creador y líder histórico del PDT fue Kuang Abhaiwongse, que participó en gobiernos ora dictatoriales ora democráticos --al menos formalmente-- durante los años cincuenta y sesenta; si bien en los años noventa el PDT, liderado por Chuan Leekpai, renunció a chanchullos autoritarios y apostó por el parlamentarismo (Leekpai presidió un gobierno elegido en las urnas durante el período 1992-95).
Hoy, a pesar de los esfuerzos del PDT, el intento de templar gaitas está fracasando debido a los profundos desencuentros generados por las intervenciones militares y judiciales, instituciones ambas que han emponzoñado un enfrentamiento entre elites que --esto es preciso remarcarlo-- defienden posiciones ideológicas, principios religiosos (budismo theravada) y políticas económicas muy similares.
Apurando la síntesis, cabe decir que en Tailandia se dilucida una pugna entre parientes, interesados unos y otros en seguir dominando a su antojo las riquezas naturales, el elevado grado de productividad, la competitividad de las ofertas del país a la hora de exportar y su poderío demográfico (Tailandia tiene una superficie similar a la de España y una población que ronda los 70 millones de habitantes, casi 30 millones más que España).

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