11 abril 2012

El sistema hace suya la virtud teologal de la fe y la bautiza credibilidad

Estos días, con motivo de la enésima ofensiva de los mercados financieros para obtener más beneficio del Estado español --es decir, de sus ciudadanos--, es habitual leer o escuchar comentarios en los que se insiste en lanzar un mensaje: «Los mercados dudan de que el Estado español sea capaz de pagar lo que debe».
Esta frase --u otras similares-- se repite una y otra vez para explicar e incluso para justificar el repunte de la prima de riesgo de la deuda pública española.
El empeño en convertir la credibilidad en el factor económico más determinante no es neutral y, por descontado, la credibilidad no es un factor fundamental en ciencia económica, pero sí tiene probado valor en el capitalismo, máxime entre quienes desde dentro del propio sistema han exacerbado y pervertido su funcionamiento en beneficio propio [léase los partidarios de la desregulación y de que el Estado se limite a mantener el orden y a disparar balas de fogueo, pues consideran que la libertad de mercado consiste en especular con los precios, con  las materias primas, etcétera, etcétera... ¡y también con las deudas públicas!].
Día sí, día también los mercados aluden a la manida credibilidad y a otros factores complementarios para favorecer sus intereses, convirtiendo en sustancial lo que en ciencia económica es complementario. Y lo hacen con la inestimable ayuda de decenas de comentaristas y analistas orgánicos.
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Credibilidad, necesaria para tener
suerte en la ruleta del sistema
La credibilidad es una percepción, una actitud ante el futuro inmediato. Pero la credibilidad es más o menos rigurosa en función de los datos que la avalan o la debilitan.
De entrada, ¿a qué credibilidad se refieren quienes la enarbolan para explicar el repunte de la prima de riesgo de la deuda pública española?
¿Se refieren a la capacidad económica de un país y de unas fuerzas productivas cuyo PIB figura entre los 15 primeros del planeta Tierra?, ¿o se refieren a la credibilidad de las instituciones del Estado: Gobierno, Parlamento, Banco de España, etcétera?
¿Qué datos manejan los mercados y qué valor dan a unos y otros para evaluar la credibilidad económica de España y, por tanto, valorar la capacidad de los ciudadanos españoles?
¿Y si de lo que dudan es de la credibilidad de las instituciones españolas o de sus instrumentos (por ejemplo, los presupuestos), por qué no señalan sin ambages ni elucubraciones qué aspectos de la gestión pública alimentan tan alto grado de desconfianza que precisamente quienes desconfían, los mercados, serán quienes sacarán más y más tajada del erario público español?
Y si de lo que dudan es del sistema financiero español, ¿por qué los propios mercados exigen seguir inyectando dinero público para salvar a bancos y cajas que han hecho aguas?
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La fe tranquiliza y la comunión fanatiza
Además de la virtud teologal de la fe, el sistema también ha asumido el sacramento de la comunión: ¡Cuantas ruedas de molino reparten sus sacerdotes! 
Todo esto sin olvidar que son los mercados quienes ordenan cuándo y cómo toca apelar a la falta de credibilidad para, entre otras cosas, alimentar la confusión, las simplezas y/o las falacias. 
Usted, amable lector/a, quizá esté barruntando ¡hombre, la cosa no será tan simple!
Los hechos, también los económicos, siempre se puede vestir con teorías y consideraciones más o menos acertadas y convincentes. Pero evitando meandros, aunque sus aguas y riberas sean ricas, y resumiendo:
La incontrolable, interesada, volátil, pasional y subjetiva credibilidad determina cuánto más ganan los mercados y cuántas prestaciones y dinero pierden los ciudadanos.
Así es la eficiente versión ultraliberal del capitalismo [escenario en el que el ¿socialista? Griñán amenaza a Izquierda Unida con acusarla de traicionar a los votantes de izquierda si no se aviene a pactar un gobierno de coalición en Andalucía... Ya ve usted, con la que está cayendo, el PSOE de Griñán es más respetuoso con los mercados que con IU, pese a que depende de esta para evitar que gobierne el Partido de los Mercados. Un dislate].
¡A ver cómo amanece mañana el sol de la credibilidad!, no sea que la fe de los mercados se derrumbe y estos fuercen un cambio en los husos horarios o en el comportamiento sexual de los cangrejos machos de río, además de otro tijeretazo...
CON ANTERIORIDAD:
"El Gobierno de Rajoy disfruta de su primera Semana Santa..."
DE INTERÉS: Bitácoras de economía de lectura aconsejable

11 comentarios:

  1. Hola Félix:

    Entiendo tu escepticismo para con los mercados, no en vano es compartido por un gran número de intelectuales, sin embargo me gustaría preguntar: si la credibilidad no es un instrumento válido para calcular la probabilidad de que un gobierno deje de pagar sus deudas y por tanto para calcular el interés en el préstamo correspondiente, ¿qué instrumento lo es?

    No olvidemos que la credibilidad es un problema solo a la hora de pedir dinero; tal vez la solución pase por dejar de gastar más de lo que generamos de manera que no necesitemos pedir dinero prestado a los mercados...

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    1. No sólo los ciudadanos españoles, todos los ciudadanos de Europa occidental --como colectivos-- producen más de lo que ellos individualmente perciben y gastan. Las tasas de explotación --la diferencia entre los costes de producción y los beneficios-- son elevadísimas; a lo que se suma el beneficio que deja el dominio de los mercados (marcando precios) de las materias primas.
      La raíz del "mal" no está en lo que ganamos y gastamos los ciudadanos, sino en un sistema financiero --aparte de otros resortes, caso del fiscal-- que impone reglas de juego basadas en la especulación (empezando por los créditos). La credibilidad es un factor a tener en cuenta a la hora de dar un crédito o de valorar la capacidad de un país para cumplir sus obligaciones; pero, simplificando, ¿por qué se daban créditos hipotecarios a inmigrantes o no inmigrantes sin empleo fijo, a personas cde 50 años con períodos de amortización de 30, 40 o 50 años, etc. etc. etc.?
      La acumulación de esos riesgos, alimentada por la codicia de la banca, está en la base de los desequilibrios de la economía española --y ese dislate también se ha perpetrado con empresas, proyectos, obras públicas...
      Pero el factor de la credibilidad sólo se ventila y se aplica ahora y, para colmo, se hace responsable del desequilibrio y de la falta de credibilidad al conjunto de la sociedad. Esto es pura y simple perversión.
      Para colmo, se destina dinero público a salvar entidades (que son parte integrante del eufemismo "mercados") que están en quiebra y en el origen del desequilibrio, que actuaron de forma incorrecta premeditadamente, con un objetivo único y concreto: acumular capital, creando obligaciones de pago sabiendo que las leyes y los resortes del Estado están diseñados de tal forma que anteponen la supervivencia de los "mercados" a criterios económicos objetivos, incluidos los del propio capitalismo.
      El 90 % de los ciudadanos NO gastamos más de lo que generamos, ni tampoco más de lo que podemos generar (capacidad de amortizar crédito). El problema no es ese, sino las perversión de las normas --las que imponen "ellos" para sacar tajada, sobrevalorando lo que les interesa y sólo cuando les interesa.

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    2. El 90 % de los ciudadanos NO gastamos más de lo que generamos

      Esto no es cierto, es más, me atrevo a decir lo contrario: el 90% de los ciudadanos SÍ gasta más de lo que genera. ¿Cuántas hipotecas hay repartidas por España? Recordemos que una hipoteca no es una necesidad, es un mecanimo para poder poseer un bien que no podemos pagar con el dinero que tenemos disponible. Si una persona solo comprara aquello para lo que tiene dinero los créditos no existirían, es porque ansiamos aquello que no podemos pagar que los créditos fluyen. ¿Por qué se daban créditos? preguntas, ¿por qué se pedían? diría yo. ¿Quién es más culpable, el que pide un crédito o el que lo concede? ¿Acaso no es legítimo exigir a quien ha solicitado un crédito aceptando unas condiciones de repago que cumpla con lo pactado? ¿No es lo que todos querríamos, que nuestras contrapartes cumplan sus promesas? ¿O estamos nosotros exentos de cumplir?

      Sé la protesta que vendrá a continuación, que la vivienda digna es un derecho constitucional... pero en ningún punto dice la carga magna que tal vivienda ha de ser poseída en régimen de propiedad o que tenga que estar en el centro de Madrid. Hay localidades en despoblación donde la vivienda se regala con tal de que la gente se instale allí, y no es una vivienda indigna. Hay viviendas en alquiler, y no son indignas. Interpretar las reglas del juego según nuestro interés al tiempo que criticamos que otros colectivos las interpreten según el suyo puede ser percibido por muchos como hipocresía.

      Y esto, volviendo al inicio, resta credibilidad. Mucha.

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    3. Jam, las reglas de juego no se pueden interpretar, sino que están marcadas. Son inevitables.
      Hasta hace poco más de un siglo sólo tenían vivienda de propiedad la cñas ealta y la media alta, aparte de que en el rural --porque eran de autopromoción y de autocontrución-- hubiera viviendas en propiedad, pero pocas; y casi nadie mas, salvo la pequeña burguesía urbana (manufactureros y oficios de prestigio).
      Mucho antes, en Europa --¡no en España!--, el sistema capitalista "inventó" el consumo, la circulación del dinero y también la posibilidad de comprar vivienda, ¡casi SIEMPRE a crédito!, como casi todo.
      El crédito no es malo per se. Lo que pervierte el sistema es romper los techos de beneficio lógicos. Y esto es lo que ha ocurrido.
      ¿Pretendes decir que es económicamente negativo que un trabajador o un pequeño empresario o autónomo aspire a poseer vivienda?... Es una pregunta retórica; pero tu argumentación conduce a eso.
      Lo que genera el problema no es que los ciudadanos comunes aspiren a tener vivienda propia, sino que ese mercado haya sido sobredimensionado y que las tasas de beneficio (desde el precio del suelo hasta a el que obtiene la firma comercial que vende el piso o la casa) sean económicamente monstruosas e irracionales.
      La "culpa" del que compra es pagar aberraciones... ¡porque además a partir del 1997 (reforma de la ley del suelo) los bancos prestaron dinero a espuertas y el sistema animaba e incluso "forzaba" a pedirlo!
      Pero eso, crear esa necesidad y ese estilo de vida, fomentar ciertos criterios y propagar falacias es fruto de todo un "trabajo" perfectamente premeditado y ejecutado durante años y años por parte del poder económico; es un "trabajo" que abarca desde la propaganda hasta la información, incluida las percepciones e interpretaciones, y de los valores personales y sociales que ofrecen el 95 % de los medios.
      Yo vivo de alquiler, siempre he vivido de alquiler --he tenido tentación de comprar, sí, pero pienso...
      Pero soy un "perro verde".
      No me parece justo ni objetivo culpar de la sobredimensionada deuda privada a quienes han comprado piso o casa, a quienes piden crédito. Esa dinámica es fruto de una agobiante e inevitable educación sistémica. Porque pedir crédito, sea para comprar casa, para pagar una intervención quirúrgica o para irse de vacaciones es una de las bases del sistema.
      El capitalismo es así y sus beneficiarios se cuidan de que sea así, con las manipulaciones y los sobrecargas y los "superbeneficios" (encarecimientos) que en cada ocasión correspondan, tarea a la que contribuye la banca, que también vive de eso, de aumentar márgenes.
      No, el ciudadano común no es "culpable" del despropósito, sino la víctima.
      La Constitución en este asunto no pinta nada. Es papel mojado. Un brindis al sol.
      El derecho a extraer plusvalías sobredimensionadas, sea por venta de suelo o de unos miles de ladrillos amontonados, es un principio sacrosanto para el sistema. En eso y en aspectos similares se juega su supervivencia.
      No, los que se empeñan para tener vivienda de propiedad no son los culpables, son las víctimas.

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    4. No sé Félix, eso de que si la gente está endeuda con hipotecas y/o créditos que no pueden pagar no es culpa suya sino de otros que le han convencido de que tienen que tener hipotecas y/o créditos... Suena a no querer admitir las propias responsabilidades. Es fácil echarle la culpa al sistema, los bancos, la oligarquía, y un largo etcétera, ¿pero sabes a qué me recuerda? A echarle la culpa a los dioses, a entes todopoderosos que nos eximen de toda culpa, nosotros los terrenales no tenemos fuerza ni control para cambiar nada (ni siquiera nuestras propias decisiones y deudas). Sacrifiquemos tres ovejas pues y recemos para que los poderes nos quiten las deudas, pues nosotros nada somos y nada podemos hacer.

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    5. Por cierto, yo no te llamaría perro verde por vivir de alquiler, te llamaría persona cabal con cultura financiera :-)

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    6. Me temo que el comunicante Jam hace afirmaciones insostenibles... si es que se trata de afirmaciones con algún significado evaluable. Así,"el 90% de los ciudadanos SÍ gasta más de lo que genera." ¿Cómo lo sabe el comunicante Jam? ¿Cómo lo mide? ¿Está capacitado Jam para evaluar el valor GENERADO por un operario de empresa metalúrgica, o automovilística, a lo largo de un mes de trabajo, con 8 horas diarias de trabajo? ¿Está capacitado el comunicante Jam para evaluar el valor GENERADO por una empleada de agencia de viajes a lo largo de un mes de trabajo, con 8 horas diarias de trabajo? Sólo por poner un par de ejemplos. ¿Suma Jam a este valor GENERADO los pagos directos al Estado en concepto de impuestos?

      ¿En base a qué situaciones hará sus cálculos el comunicante Jam? ¿Los hará sobre los precios actuales del mercado laboral, un mercado degradado y devaluado, con 5 millones de desempleados, donde el empresario puede permitirse elegir, ofreciendo salarios de mera supervivencia?

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  2. La imprecisión, la ambigüedad, la nebulosidad impregnan últimamente las afirmaciones de los sedicentes "expertos" en economía, trasladando en ellas, inconscientemente, el carácter amorfo e indefinido de sus propios conocimientos y, por supuesto, de sus convicciones.

    La misma burda torpeza cometen cuando afirman que la medida "es buena para el país", como si el país fuera un sólido bloque de intereses, y los de Emilio Botín coincidieran con los míos.

    Pero, no. He dicho "torpeza", y no es torpeza, ni es ambigüedad, ni es inexactitud. Es habilidad. Sencillamente: MIENTEN, y mienten a sabiendas, perfectamente conscientes de que no hacen más que defender sus privilegios económicos y los de la clase social que representan, esa a la que, magnánimamente, conceden una amplia amnistía fiscal.... con el dinero ajeno.

    Su éxito en estos embustes los hallamos certificados cada vez que encontramos un asalariado en apuros económicos que nos cuenta "es que tienen que hacerlo, no hay más que ver la enorme deuda que tiene el Estado": han conseguido instalar el embuste en la mente de sus víctimas.

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    1. No es una crisis, es una ESTAFA. Cuando hay pérdidas las pagamos entre todos ,pero el banco de Santander nunca reparte dividendo con todos los españoles. Urge una unión electoral amplia para acabar de una vez con este tinglado político-estafador. Un saludo Agcasmor.

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    2. El banco Santander reparte dividendo con todos los accionistas, que son aquellos que piensan que el banco prosperará y deciden invertir comprando acciones. El que cobra es porque ha pagado antes.

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  3. 1. Especuladores: Saben que de una forma u otra van a cobrar, porque si no, no comprarían nuestra deuda a ningún precio. A ninguno. También saben que cuanto peor, mejor.
    2. Bancos: Pagarán dividendos cuando los remanentes sean reales y no procedan de resultdos obtenidos mediante ficción contable (ej.:acudir a Europa en busca de fondos para tapar agujeros y luego repartir beneficios).
    3. Sectores estratégicos: Para las empresas relacionadas con la energía y demás sectores estratégicos toca volver a la fijación de precios políticos que rompan la dinámica especulativa actual. Y sus accionistas -probablemente los mismos que los de los bancos- cobrarán beneficios cuando la generación de negocio lo permita. Mientras tanto, a sufrir como todos.
    3. Mercados: No se autoregulan (ni antes, ni ahora, ni nunca),necesitan reglas de juego estrictas y control exhaustivo.
    4. Fraude fiscal: Orientar la lucha hacia los defraudadores con mayúsculas.
    5. Territorio: Racionalizar el gasto autonómico (teniendo en cuenta que eliminar coches oficiales no es lo mismo que que denegar ayudas por dependencia) .
    6. Administración: Optimizar el funcionamiento de todas las administraciones (y no me refiero a la mera reducción de sueldos para seguir trabajando igual de mal).
    Cuesta comprender que ni las antedichas, ni ninguna otra idea que vaya en esta línea arguemntal, sea válida para nuestros actuales dirigentes.
    En fin, como decía mi abuelo: "Cuando no entiendas algo, averigua quién se beneficia".

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