09 marzo 2009

El descaro de los diputados y senadores pluriempleados

Estos días, sin que nadie sepa exactamente las causas, ha sido noticia que el diputado José María Michavila pertenece a un bufete de abogados y, por tanto, percibe emolumentos al margen de los ingresos como miembro del Congreso.
El hecho, ventilado por casi todos los medios como si fuera algo excepcional, en rigor es irrelevante porque numerosos diputados ingresan dinero al margen de los entre 4.000 y 6.500 euros mensuales que perciben como parlamentarios.
El artículo 157.1 de la ley orgánica de 1985 establece que los diputados deben ejercer su responsabilidad en régimen de dedicación absoluta, y ese mismo texto precisa que la labor parlamentaria es incompatible «con el desempeño de cualquier otro puesto, profesión o actividad, públicos o privados, por cuenta propia o ajena, retribuidos mediante sueldo, salario, arancel, honorarios o cualquier otra forma».
Pero esa ley la redactaron ellos, ¡los diputados!; lo que explica que en el mismo texto legal incluyeran en el artículo 159.3 una relación de excepciones que dejan en agua de borrajas el principio de la dedicación absoluta o exclusiva.
Más claro: Un representante de la ciudadanía que desee trabajar en un bufete representando a un consorcio multinacional del petróleo, para un inversor que especula en los mercados de divisas o para un fabricante de armas, sólo necesita solicitar permiso previo a la Comisión del Estatuto del Diputado, que en la mayoría de los casos planteados ha autorizado la compatibilidad.
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Justificaciones que revelan
escasa ética social
Quienes justifican esa perversión esgrimen que los diputados españoles figuran entre los peor pagados de los Estados miembros de la Unión Europea (UE). Y en efecto, los miembros de las Cortes Españolas cobran menos que los lores británicos, que los miembros de la Asamblea Nacional de la República Francesa, o que los representantes en el Bundestag alemán. Pero, ¿de qué se extrañan?, también figuran entre los peor pagados de la UE los españoles que trabajamos de torneros, ordenanzas, conductores autobús, médicos de la seguridad social, maestros, dependientes de comercio, albañiles, carpinteros… Etcétera, etcétera y etcétera.
La soberbia que caracteriza a demasiados políticos profesionales, con independencia de los partidos a los que pertenecen, alimentan el nihilismo, la abstención y el voto en blanco.
Es imposible entender que el pluriempleo del diputado José María Michavila sea noticia. Por el mismo motivo deben ser noticia numerosos diputados, incluidos parlamentarios autonómicos.
¡Dedicación exclusiva!... Hay leyes que parecen un chiste. 
Pero usted no se enfade ni proteste. Haga como que no se entera de nada. Ser políticamente correcto consiste, entre otras cosas, en cerrar los ojos y comulgar con ruedas de molino.
En todo caso, ¡sea usted un ciudadano responsable y racional aunque no lo sean sus representantes!, pues están por encima del bien y del mal --o eso parece--, pero sus vecinos sí que se lo tendremos en cuenta. Esta es una de las pocas y gratificantes satisfacciones que nos queda: Respetarnos entre nosotros, porque si fuera por ellos...
NOTA. 
Michavila no debería ser noticia por lo que gana fuera del Congreso, cosa común entre sus señorías, sino por los líos de Manolete y por haberse embadurnado en harinas de Boadilla.

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