16 marzo 2009

El fascismo y el rechazo al sistema democrático

Es un debate ya viejo en el que hay ciertas discrepancias; sin embargo, hoy (marzo de 2009) y aquí (Europa) conviene reabrirlo para recordar que dos más dos son cuatro.
No se asuste por la aparente longitud de este texto, se lee en apenas tres minutos y, además, muy probablemente su contenido le interese personalmente y, casi que con toda seguridad, una vez leído resoplará y pronunciará mentalmente una interjección poco amable.
¿A qué debate me refiero?
A este: ¿Qué caracteriza al fascismo clásico, el europeo, en términos generales?
Valga esta respuesta a modo de resumen no cerrado y, de paso, ojalá sirva como advertencia:
1. El fascista mitifica la nación (sea original o se trata de un Estado-nación) como único cemento de cohesión, elevando el nacionalismo a la categoría de ideología superadora de diferencias e intereses. Además, si es conveniente, el fascista utiliza la religión como elemento armonizador.
2. El fascista rechaza la democracia (el liberalismo), de modo que en los regímenes democráticos su tarea inicial consiste en deteriorarla y desprestigiarla. ¿Cómo? Por ejemplo, imputando la responsabilidad de todos los males al pluralismo y emponzoñando las relaciones inter-partidarias, para lo que el fascista también utiliza uno o varios partidos en los que aplica a rajatabla el principio de que el fin (el poder) justifica los medios.
3. El fascista cree a pie juntillas en las clases sociales (darwinismo), y esa concepción de la humanidad la aplica en política promoviendo, entre otras cosas, la identificación de la voluntad colectiva con la de una elite (movimiento, grupo o partido) para, avanzado el proceso, construir un líder.
4. El fascista exalta la virilidad (entendida como determinación personal, que se resume en la actitud de quien mantiene impasible el ademán), al mismo tiempo promueve la acción por la acción (movilización de masas, propaganda agresiva, difamaciones, injurias provocadoras y, si es preciso, utilización de la violencia), enaltece viejos criterios castrenses (enfatizando la virtud de la obediencia debida y la necesidad de la jerarquía con mandos o jefes incuestionables) y diseña una simbología (herramientas para fomentar el gregarismo).
5. En lo económico, el fascista es corporativista, fomenta la autarquía, el intervencionismo y, en una primera fase, hace todo lo posible para que los grupos económicos afines controlen los sectores estratégicos de la actividad económica.
Como una bola de nieve
Hoy (marzo del 2009) y aquí (España), hay personas y colectivos con probado poder social, económico y mediático que en mayor o menor grado defienden esos postulados, que están a punto de lograr dos primeros éxitos:
Primer éxito que los fascistas o protofascistas ya tienen al alcance de la mano: en varios sectores estratégicos de la economía (por ejemplo, energía, telecomunicaciones y medios de comunicación privados, entre otros) el poder de decisión esté cada vez más concentrado y que los criterios aplicados sean más y más uniformes y depredadores; todo ello ante la pasividad del poder legislativo (Congreso y Senado); y
Segundo éxito, los fascistas o protofascistas están consiguiendo aumentar el número de ciudadanos que menosprecian la pluralidad ideológica y cultural, a la vez que reniegan de los partidos y consideran prescindible todo debate.
Para redondear, esa minoría fascista o protofascista (a la que algunos ni siquiera son todavía plenamente conscientes de pertenecer) está logrando que millones de ciudadanos perciban la Justicia como un aparato inservible, marrullero, sectario e incluso corrupto.
El auge de los criterios facistas en España no es aislado; en Italia, por ejemplo, es más profunda la penetración del autoritarismo y del mesianismo políticos, al igual que en la mayoría de los países del oriente continental que ingresaron en la Unión Europea, además de en Rusia.
Se trata de un fenómeno de ámbito europeo. Todavía es pronto para evaluar si ese proceso avanzará o el peligro será conjurado. Pero, de entrada, lo que sí es posible advertir sin rodeos es lo siguiente:
Abrir los ojos (llamando a las cosas por su nombre) refuerza el sistema democrático, en tanto que cerrar los ojos (confundiendo la prudencia con la cobardía política) mata las libertades.

1 comentario:

  1. Efectivamente, el protofascismo gana adeptos porque la sociedad ya no ejerce como tal, sino como las ovejas que ilustran tu post (curioso, yo también utilizo la misma imagen para lo que escribí hoy). La privatización de sectores básicos de producción y de empresas punteras está en la base de esa concentración de poder, como también forma parte de ese caldo de cultivo la criminalización empleada por determinados partidos políticos para desligitimar las acciones judiciales adversas (¿se me entiende bien sin necesidad de referirme abiertamente al PP?) o la propia deriva de los partidos al ocuparse de lo accesorio en lugar de afrontar lo necesario. En fin, que esto da para mucho compañero. Bien por tu texto (y por tu advertencia). Unha aperta.

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