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El rotativo valenciano Levante ha difundido la siguiente información:
Un simpatizante del movimiento 15-M se ha presentado en una comisaría y se ha declarado autor de dos robos en una agencia bancaria de València. El joven ha explicado que robó porque necesitaba dinero, pues no encuentra trabajo --su profesión es la de técnico audiovisual--, y añadió que se arrepiente de haber delinquido y que, finalmente, ha optado por entregarse porque así ingresará en prisión y aprovechará el tiempo que esté encarcelado para seguir estudiando, cosa que en libertad no puede hacer debido a la precariedad en la que sobrevive.
Lejos de justificar el delito, el episodio merece atención.
Cuando se habla o escribe del desempleo juvenil citando cifras y porcentajes [en España, prácticamente 1 de cada 2 menores de 25 años carece de empleo] la mayoría de los analistas acostumbran a aludir, por ejemplo, a que el colchón de las familias evita dramas personales; cierto, pero rara vez aluden a que por mucho colchón familiar y por muchas guindas que le echen al pavo no es menos cierto que tan masivo desempleo, tan elevada precariedad laboral y vital generan situaciones personales que desembocan en la marginalidad, en la exclusión y en el todo vale.
Pero está visto que a quienes detentan el poder económico --y a demasiados de los que ostentan el cada vez más inane poder político-- esos fenómenos les importan un rábano, o poco más.
Peor aún, en este rico territorio de la eurozona en el que hay más de 5.000 directivos de cajas de ahorros que cobran salarios propios de un empresario de éxito no hace falta estar sin trabajo para perder el norte personal: Millones de asalariados jóvenes y no jóvenes que cobran menos de 1.000 euros mensuales son potenciales desesperados...
¿Quiénes aspiran a que España sea el Marruecos europeo?, ¿quiénes pretenden que los salarios sigan reduciéndose?, ¿quiénes confunden competitividad con darwinismo social?, ¿quiénes intentan convencernos de que para garantizar la dignidad basta con comer, beber, cagar, fornicar y dormir bajo techo, y punto?
No, claro que no hay que justificar el delito, pero tampoco hay que justificar la codicia ni las políticas antisociales que alimentan casos como el del joven valenciano.
Y esto va a más. Tiempo al tiempo.
INFORMACIONES relacionadas:
"Un empresario sube el sueldo a sus empleados tras tratar de vivir con su salario", en La voz de Galicia, y
Rajoy baraja autorizar salarios por debajo del mínimo interprofesional, en El periódico.
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