Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

martes, 28 de febrero de 2012

Malvinas: Pocos episodios reflejan con tanta fidelidad la desvergüenza del Estado británico

Hay episodios históricos y de la actualidad que reflejan con sorprendente fidelidad los criterios depredadores de un Estado. La toma militar de las islas Malvinas (1833) y la ocupación radicalmente ilegal del archipiélago por parte del Reino Unido de Gran Bretaña es uno de ellos.
El reino inglés es, muy probablemente, el que mayor número de atropellos --grandes y pequeños-- ha protagonizado durante los últimos tres siglos [una visita el Museo Británico constituye una didáctica forma de evaluar, siquiera someramente, el robo sistemático de bienes arqueológicos y de todo tipo que ha practicado o amparado el imperialismo británico en África, Asia, América y Europa].   
Esto viene a cuento de que este pasado fin de semana, las autoridades de la provincia argentina de Tierra de Fuego decidieron vetar el amarre del crucero turístico británico Star princess en el puerto de Usuahaia [el transatlántico portaba bandera de Islas Bermudas, archipiélago norteamericano que administra Gran Bretaña; es decir, una colonia]
La medida de las autoridades australes ha irritado al Foreing Office de su graciosa majestad, que ha protestado vía diplomática. Es decir, el ladrón exige su derecho histórico a seguir disfrutando del botín y, por ende, que su derecho sea reconocido, respetado y acaso aplaudido.  
[Los 2.800 kelpers, gentilicio por el que gustan ser designados los malvidenses actuales, son descendientes  del poblamiento inglés con el que el Estado ladrón sustituyó a los argentinos y sudamericanos que habitaban las islas cuando la soberanía de estas pasó de la Corona española a la República argentina]      
El descaro del Estado británico es inconmensurable, tanto como la cobardía política de la mayoría de los Estados a los que han perjudicado o perjudican los latrocinios de Gran Bretaña. La decisión de varios Estados latinoamericanos de dificultar o incluso impedir la entrada de buques británicos en sus puertos --que en principio sólo afectaría a navíos de guerra-- debía haber sido tomada hace ya decenios. No se trata de desatar guerras, pero está comprobado que la adopción de medidas políticas prácticas es el único lenguaje que entiende la prepotencia del Reino Unido.
[En el caso de las Malvinas, Naciones Unidas ha demostrado una vez más su inanidad, pues oficialmente las cataloga como "territorio en litigio" para de facto amparar la prolongación sine die de la ocupación británica; como en el contencioso Sahara Occidental-Marruecos y en tantos otros...] 
No es un asunto de patriotismo, ni de banderas. Es ante todo una cuestión jurídica y económica.
Para los interesados en conocer un poco mejor cómo actuó y actúa Gran Bretaña en el episodio de las Malvinas es aconsejable leer el excelente resumen de la historia del archipiélago que ofrece la Wikipedia, texto razonado que precisamente por eso desnuda sin aspavientos la amoralidad, el descaro y la prepotencia del culto Reino Unido.
[Los cuatro minutos empleados en leer ese resumen histórico son más útiles que prestar atención a las simplezas y mentiras que difunden las autoridades británicas y sus aliados, entre los que destacan los grandes consorcios que ya tienen echando el ojo a las reservas del subsuelo de las Malvinas. Lógicamente, el Poder  económico y el propio Estado británico cuentan con el apoyo de medios de información y equipos de todo tipo dedicados a "crear la adecuada percepción social" de este y de otros episodios geopolíticos]

0 Comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

NOTA:
ImP no publicará injurias ni difamaciones, ni textos que imputen a una persona delitos penales sin aportar pruebas o mediar sentencia firme.